Alomejor no era lo que buscabas. No tengo el pelo claro y no me gusta el martini con hielo, solo bebo vodka. No soy alta, en realidad apenas llego al metro sesenta y cinco, aunque con tacones altos lo sobrepaso, creo. Soy muy supersticiosa, pero tengo demasiada positividad y a veces acaba rompiéndose por los suelos. Si salimos a cenar yo no pediré una ensalada, a mi no me dan miedo las calorías. Si paseamos yo no tomaré un helado, no me gustan las cosas dulces, pero en cambio yo lo soy tanto que tal vez dones tu helado a las gaviotas y decidas comerme a mi, eso está por ver. Siempre pierdo al billar, pero soy un as jugando a juegos entre sabanas. Es cierto que a veces miento, pero a ti no podría ni aunque me pagaran. Lloro demasiado, pero soy tan divertida en ocasiones que te dolerá cada centímetro del cuerpo de tanto reírte. No me río muy a menudo la verdad, pero tengo una risa tan vital que cuando la oigas estarás siempre al acecho para oírla otra vez. No se dibujar y nunca me han enseñado a sonreír, tuve que aprender sola. Soy incapaz de estarme quieta, hablo demasiado y me enfado muy deprisa, aunque se me pasa muy rápido. Escribo frases en los márgenes de los libros y nunca me acuerdo de llamar al día siguiente. Lo que puedo prometerte es que no te aburrirás conmigo, te volveré loco y querrás salir corriendo de lo pesada que me pongo a veces, pero no podrás porque soy como una droga y tendrás adicción. Igual empecé siendo el segundo plato, pero acabé siendo el primero. Soy impredecible, vivirás sin saber lo que te espera conmigo y seré yo quien marque las pautas. También te darás cuenta, con el tiempo, de que soy algo caprichosa y un poco coqueta también, para qué negarlo. Te querré locamente y me equivocaré al decirlo para que lo entiendas al revés, soy muy vergonzosa. Canto en la ducha y escribiré tu nombre en la arena todos los veranos. Te prometo que todo irá bien.